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cree que el actual asentamiento de la ciudad de Palma estaba ocupado
embrionariamente por un poblado talayótico con fuertes vinculaciones con
el mar. Posteriormente fue invadida por los romanos y mas tarde por los
árabes, que la llamaron Madina Mayurqa, de los cuales se conservan
vestigios monumentales como el palacio de la Almudaina y los baños
árabes.
En 1229 fue conquistada por el rey Jaime
I, que la dotó de una municipalidad que abarcaba toda la isla (por ello
se llamó la Ciutat de Mallorca) . La especial distribución de la ciudad,
atravesada por una riera, dio lugar a la "Vila de Dalt" y la "Vila
d'Avall" como núcleos de población urbana situados a cada una de las
orillas de la riera.
Su privilegiada situación geográfica le
permitió un intenso comercio con los pueblos del Magreb, las señorías
italianas y los dominios del Gran Turco, que propiciaron una edad de oro
para la ciudad. En la Lonja se realizaba un activo mercado de
contratación vigilado por el Consolat de Mar, que velaba por el respeto
a la legalidad vigente en todas las transacciones comerciales.
A principios del siglo XVI, la peste, las
rebeliones foráneas y los frecuentes ataques de los piratas turcos y
berberiscos provocan una reducción de las actividades comerciales y la
ciudad entra en una época de decadencia que se alarga hasta finales del
siglo XVII.
En el siglo XVIII el Decreto de Nueva
Planta de Felipe V modifica el régimen de gobierno de toda la isla
transformando Palma de Mallorca en capital de la nueva provincia de
Baleares y es en este siglo cuando Carlos III con la liberalización del
comercio con las Indias condujeron Mallorca a un crecimiento de la
actividad comercial y portuaria de nuestra ciudad.
La ocupación francesa de Argelia en el
siglo XIX acabó con el peligro de los ataques magrebíes en Mallorca, que
favoreció la expansión de las líneas marítimas y navieras y, por tanto,
el crecimiento económico de la ciudad, que se vio demográficamente
ampliada con el nacimiento de nuevos núcleos de población.
A inicios de la segunda mitad del siglo XX
la aparición del fenómeno turístico cambia la fisonomía de la ciudad y
toda la isla y la transforma en centro de atracción de visitantes y de
intercambio sociológico de culturas.
A partir de este momento el crecimiento
del turismo en las Baleares es absolutamente espectacular: de los
500.000 visitantes que recibe la isla el año 1960 pasa a más de
6.739.700 en el año 1997, con un movimiento de viajeros en el aeropuerto
de Palma en 2001 de 19.207.045 personas y de 1.410.709 por vías
marítimas. Esto hace que las Islas Baleares pasen a ocupar el lugar
puntero de todo el Estado respecto del producto interior bruto por
habitante, y sea en 1996 la única comunidad del Estado Español que
supera la media de la Unión Europea. |